Conflictos

14.09.2010 09:15

 

CHECHENIA
Oleoductos en el zapato
Por PILAR PORTERO

FICHA

Nombre oficial: República Chechena de Ichkeria (no reconocida internacionalmente)
Capital: Grozni
Sistema de gobierno:
República islamista.
Presidente: Ramzan Kadyrov -designado por el Kremlin- aunque Doku Umarov, es el presidente independentista en el exilio.
Población: 1.000.000 habitantes: 53% chechenos, 29% rusos, 12% ingush y el resto otras nacionalidades.
Superficie: 19.300 km²
Idioma: Chechén-tushi, ingush y chechén
Religión: Mayoritariamente musulmana y ortodoxos

CONFLICTO
Chechenia clama una independencia por la que lleva más de dos siglos luchando, desde que el imperialismo zarista la incorporó a sus dominios. Diversos intereses internacionales frenan por la fuerza la autodeterminación.

Rusia no consigue sacarse la piedrecita -convertida ya en sólida montaña- que tanto le duele al caminar. El petróleo, siempre en el fondo de los conflictos más sangrientos e interminables, asoma la cabeza también en el caso de Chechenia, en cuanto se escarba mínimamente en un conflicto independentista que comenzó en el siglo XVIII con el imperialismo zarista, y que hoy continúa cobrándose cientos de vidas en la guerra abierta que sigue librando con Rusia -un 10% de la población ha muerto en los últimos nueve años-.

Más de 200.000 refugiados chechenos malviven en la actualidad en los campos de acogida de la vecina Ingushia, a merced no sólo de la extrema climatología -temperaturas de más de 20º bajo cero en invierno y asfixiante calor en verano- sino del terror generado por los soldados rusos y los rebeldes, indistintamente. Secuestros, saqueos, incendios, violaciones y la colocación indiscriminada de minas antipersonales tranforman en un infierno la ya de por sí mísera existencia de estos exiliados. Las muertes exceden el cuarto de millón -desde que en 1994 Rusia desplegara todo su potencial bélico en esta zona del Cáucaso norte-, aunque los datos en un conflicto en el que la vida está devaluada siempre se quedan cortos.

El control de los oleoductos que atraviesan la ex-república rusa transportando el petróleo de los campos de la región del Mar Caspio protagonizan un tira y afloja entre EEUU, más los países occidentales con intereses en la zona, y Rusia. Al final, Chechenia no es más que un peón al que cada cual utiliza en base a sus necesidades, sin plantearse los cadáveres que quedan en el camino. La doble moral sirve para ocultar hechos más que reprobables. Así, el Gobierno de Putin apoyó la campaña bélica norteamericana contra Al Qaeda en Afganistán, a cambio de que EEUU, adalid de la lucha antiterrorista internacional, acabara con los rebeldes chechenos, entre otros puntos de un sustancioso paquete de acuerdos. Sin embargo, una vez finiquitado el régimen talibán, la primera potencia olvidó sus promesas.

Cuando, a finales de 1991, el general Dzhojar Dudáyev es elegido presidente de la República Chechena con la participación sólo de la población chechena -el 53%- en el referéndum, no todo el pueblo apoya la independencia. Pero la intervención rusa de 1994 unifica el sentimiento antiruso. Mientras, la situación militar se enquista, la economía se desploma y pasa a ser controlada por mafias y señores de la guerra que arrastran al país a la ruina. El recuerdo de la deportación a que fue sometido el pueblo checheno -alrededor de 400.000 personas- por Stalin, acusado de colaborar con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, aún está fresco y contribuye a alimentar el odio por un enemigo que no logra controlar la contienda en que se ha metido. En 1996, el general ruso Lébed y el futuro presidente de Chechenia, Masjádov, firman un acuerdo de paz en el que no se resuelven las relaciones constitucionales entre ambas partes. Tras dos años de profunda inestibilidad, en 1999, Masjádov instaura el régimen islámico para adelantarse a sus rivales internos y Rusia vuelve a intervenir con la intención de aplastar de una vez por todas a la resistencia chechena.

En octubre de 2002, el fracaso de las tácticas de Putin quedó confirmada con el asalto al teatro de Moscú y llevó a primera plana la necesidad de solucionar esta sangría envuelta ya en un odio irracional. Durante 2003, los atentados, secuestros y emboscadas de la guerrilla chechena fueron constantes. Incluso el presidente en funciones, Antoli Popov, fue envenenado misteriosamente en el mes de septiembre. En octubre de 2003 Popov cedió el puesto a Ajmad Kadirov, candidato del Kremlin que obtuvo más de la mitad de los 462.000 votos registrados en las elecciones, pero, el 9 de mayo de 2004, Kadirov murió al explotar una bomba en un estadio de Grozni, donde presenciaba un acto oficial. Su sucesor Serguéi Abrámov -presidente interino hasta la celebración de elecciones-, también estuvo en el punto de mira de los rebeldes chechenos, que atentarón contra él el 13 de julio de 2004. En las elecciones celebradas el 29 de agosto de 2004, el candidato del kremin, Alu Aljanov, resultó ganador a pesar de las denuncias de fraude realizadas por diversas ONGs y observadores. El escalofriante episodio de la escuela de Beslán (Osetia del Norte) a primeros de septiembre de 2004 evidenció que la batalla siempre continúa sin visos de terminar. Así lo demuestra el asesinato del líder de los separatistas chechenos, Aslán Masjádov, el hombre que prometió juzgar al jefe de la guerrilla radical, Shamil Basayev, por la masacre de Beslán, a manos del ejército ruso, el 8 de marzo de 2005.

Abdul-Halim Sadullayev fue inmediatamente nombrado presidente en funciones y comandante del Comité Estatal de Defensa de la guerrilla, informó la página web Kavkaz Center (http://www.kavkazcenter.com/). El saudí, hasta ahora presidente del Tribunal Supremo Sharia, aseguró que las negociaciones de paz no proseguirán hasta que Putin no deje de violar las normas de derecho internacional. A finales de noviembre de 2005 se celebraron los primeros comicios legislativos desde la reconquista por Rusia en 1999. Los defensores de los Derechos Humanos y la guerrilla se mostraron muy escépticos ante estas elecciones donde el partido oficialista Rusia Unida obtuvo mayoría absoluta.

 

 

 

KOSOVO (SERBIA)
La herida comienza a cerrarse
Por VIRGINIA HERNÁNDEZ

FICHA

Nombre oficial: Serbia (tras la independencia de Montenegro en 2006; compuesto por una república, Serbia, y dos provincias autónomas, Kosovo y Voivodina)
Capital: Belgrado (Pristina, de Kosovo)
Sistema de gobierno:
República presidencialista
Jefe del Estado:
Boris Tadic (presidente)
Primer ministro: Vojislav Kostunica
Principales partidos: SVM (Kasza), LDK (Sejdiu), DOS (coalición), DS (Djindjic, asesinado), DSS (Kostunica), DPS (Djukanovic), SSJ (Pelevic), SRS (Nikolic) y SPS (antiguo Partido Comunista).
Población: 9.396.411 (2002)
Superficie: 88.361 km²
Idioma:
Serbio (95%) y albanés (5%)
Religión: Ortodoxos (65%), musulmanes (19%), católicos (4%), protestantes (1%) y otros (11%)

CONFLICTO
Problemas de seguridad para las minorías serbia y gitana tras la guerra de 1999. El futuro estatus de la región está aún sin decidir.

La guerra de Kosovo cambió la vida del contable Nebojsa Dondic, su esposa y sus dos hijos. Las bombas de la OTAN cortaron de raíz los sueños expansionistas del visionario Milosevic y allanaron el camino de vuelta a miles de albanokosovares que habían sido obligados a abandonar sus hogares por el régimen de Belgrado. Pero abrieron un nuevo frente humano que comienza a cerrarse con la llegada de la independencia. Los serbios, como Dondic, eran los que entonces debían abandonar sus casas.

Este hombre de 41 años pudo volver con un grupo de 13 serbios más a Bince, un poblado de Pec, en julio de 2002. Atrás dejaba tres años y medio de un exilio muy difícil en una pequeña población de Serbia en la que malvivían con raciones exiguas y trapicheos de lo más variado. Al igual que Bince, 200.000 desplazados más esperaban su turno.

Las relaciones entre la mayoría albanesa y la minoría serbia son tan tirantes como siempre. Las elecciones de octubre de 2004, en las que Ibrahim Rugova venció al ex líder guerrillero Hashim Thaçi, estuvieron marcadas por el boicot serbio, al considerar Belgrado que la seguridad de los suyos no estaba todavía garantizada. Rugova falleció en enero de 2006 y le sustituyó Fatmir Sejdiu. Sin embargo, el sueño de la independencia abre una nueva etapa.
 

Los grupos extremistas albaneses, con los guerrilleros de la UCK a la cabeza, iniciaron su venganza contra los vecinos de ascendencia serbia tan pronto como terminó la guerra de 1999. En junio de aquel año, en el mismo mes del alto el fuego, los radicales asesinaron a 14 personas en una matanza que supuso el toque de atención para que se firmara el plan de paz para Kosovo (resolución 1244 de la ONU).

El texto señaló que hasta que los kosovares pudieran tomar las riendas de la provincia, Naciones Unidas (UNMIK) asumiría el Gobierno, ACNUR se encargaría de los asuntos humanitarios, la OSCE se responsabilizaría de cimentar las instituciones civiles y la UE, de la reconstrucción. La seguridad estaría garantizada por la KFOR, la fuerza internacional bajo paraguas de la OTAN.

El 24 de julio de 2006 se produjeron las primeras conversaciones sobre el futuro estatus de Kosovo de los principales mandatarios de uno y otro lado, presididas por el mediador de la ONU, Martti Ahtisaari. El encuentro acabó sin resultados, a pesar de que debía tomarse una decisión antes de que terminara este año. Finalmente no fue así.

Las conversaciones de julio de 2007 tampoco dieron los frutos esperados. Rusia vetó la propuesta de EEUU de traspasar la tutela de Kosovo de la ONU a la UE sin abandonar el camino de la independencia. Vitaly Churkin, embajador de Rusia ante la ONU, afirmó que imponer la independencia alentaría a los separatistas de otras regiones.

La victoria del ex líder guerrillero Hashim Thaci en las elecciones celebradas el 17 de noviembre de 2007 aceleró las pretensiones del proceso de secesión en la región balcánica. Tras la votación, cuya participación no superó el 45%, Thaci manifestó que, inmediatamente después del 10 de diciembre, su Partido Democrático de Kosovo (PDK) va a "declarar la independencia". Y el 17 de febrero de cumplió su promesa.

Sobre el papel, su futuro parece resuelto, pero la realidad no es tan esperanzadora. Queda patente en los informes de las organizaciones internacionales y las denuncias del Consejo de Seguridad. El portavoz de ACNUR, Kris Janowski, aseguró en marzo de 2003 que las minorías étnicas —sobre todo serbios y gitanos— siguen enfrentándose a graves problemas de seguridad y carecen del acceso a servicios como la educación o la sanidad. El derecho de propiedad y a su propia identidad son otros asuntos peliagudos. Un ambiente poco propicio para los que añoran su vuelta.

 

 

NAGORNO-KARABAJ
Hermanos mal avenidos
Por PILAR PORTERO

FICHA

Nombre oficial:
Nagorno Karabaj
Capital: Stepanakert
Sistema de gobierno: Autoproclamada república independiente desde 1991.
No está reconocida internacionalmente ni por la EU ni por Rusia, ni por las dos repúblicas que se la disputan, Azerbaiyán y Armenia -aunque ésta última apoya la independencia-.
Presidente: Arkady Ghoukassian (reelegido en agosto de 2002)
Población: 144.500 habitantes
Superficie: 4.400 km2
Idioma: armenio
Religión: estado laico

CONFLICTO
El plan de paz previsto por el grupo de Minsk pretende otorgar al enclave el estatuto de "estado común", tanto para Armenia como para Azerbaiyán.

El eterno conflicto entre vecinos. Arañar un pedazo de tierra al inquilino de al lado, cueste lo que cueste. En este caso, el enclave de mayoría armenia (el 80%) en territorio azerbaiyano de 4.400 kilómetros cuadrados, Nagorno-Karabaj, es el sangriento escenario en que se desarrolla la contienda.

El tira y afloja comenzó en 1921 cuando, en la época de Stalin, Azerbaiyán se anexionó la región. Antes de la desintegración de la URSS, en el año 1991, Nagorno se declaró independiente y los enfrentamientos en la zona desarraigaron a unos 300.00 armenios y a 350.000 azerbaiyanos -según datos del ACNUR-, además de haber costado la vida a más de 35.000 personas.

La ex república soviética de Armenia vive desde febrero de 1988 un enconado enfrentamiento con los musulmanes de la limítrofe Azerbaiyán por el territorio de Nagorno-Karabaj que, a pesar de la intervención diplomática internacional, no encuentra una solución que permita acabar con la violencia. Armenia quiere la plena soberanía y Azerbaiyán propone una situación de autonomía autogestionada.

En mayo de 1994 se declaró el alto el fuego en la zona, bajo la supervisión del grupo de Minsk (creado dentro del entorno de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, OSCE, compuesto por Rusia, EEUU y Francia), pero el consenso político sigue congelado, lo que ha impedido a la mayoría de los desplazados regresar a su hogar. El uso de mercenarios en la zona por ambas partes ha causado demasiados muertos, y el goteo de cadáveres parece no tener fín. Los sucesivos cambios de gobierno en ambas repúblicas no dan frutos. Ni tan siquiera la creación de un "estado común" logra satisfacer a las partes en litigio.

La población de Azerbaiyan es de 8 millones de personas, mientras que la de Armenia asciende a 3,8 millones de personas. Esta guerra olvidada ha provocado numerosos movimientos de población en Transcaucasia. Los diminutos estados fruto de los nacionalismos, que se han ido alimentando durante años, padecen divisiones internas tanto étnicas como religiosas, además de una inexperiencia política que sólo con el desarrollo de su propia conciencia como estado se puede subsanar.

En septiembre de 2004, los presidentes de Armenia y Azerbaiyán se reunierón con mediadores rusos y estadounidenses para trabajar en el proceso de paz. Sin embargo, ninguna de las dos partes en conflicto dan su brazo a torcer. Mientras Nagorno se va revelando como un pequeño pero prospero estado, con una economía mixta que saca partido de las inversiones de los armenios allí desplazados.

 

 


 

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